Tus cosas, las mías

Ya hace un mes que tú y yo volvimos, parecía casi imposible, después de todo lo que pasó, después de todo lo que esperé y en el fondo, tú también esperabas, o por lo menos me recordabas, me lo dijiste, así entre regañadientes y eso fue una alegría para mí, confirmar que aunque no sabía nada de ti, en el fondo me esperabas, aunque lo tapases con cualquier otra cosa, con cualquier otra emoción. ¿Sabes? Lo conseguimos, nadie daba un duro por esto y sin embargo pasó. Las vueltas de esta vida, que aunque trae muchos días aburridos, sin hacer nada o en soledad, otros pasa todo en segundos.

Recuerdo cuando me dijiste primero en voz baja y después mucho más convencida, que querías intentarlo, luchar por esta historia, darle vida a algo que parecía que estaba quemado o muerto, para serte sincero, yo también lo creía, hubo mucha distancia, tiempo y malos recuerdos en el pasado, pero teníamos mucho que ganar.

Volvimos con fuerza, decidimos desde el comienzo aniquilar las malas vibraciones que aún quedaban en el aire, fue un trato sin firma, una promesa que nunca se dijo en alto, pero que sin embargo, se forjó.

Me dijeron, incluso me imploraron, que no volviera contigo, que ni siquiera lo intentara, porque entre otras cosas, dejaría de escribir, de colocar post tras post en mi blog, porque pensaban que esta fuerza y pasión al escribir era por tu ausencia, por tu pérdida, por mi espera y una vez más se han equivocado, ¿lo ven ahora? ¿Lo ves ahora? Se escribir también cosas alegres y contigo a mi lado, con ese olor tan tuyo que tienes por todo tu cuerpo y que me vuelve loco cuando estás a escasos centímetros. Aprendí a escribir contigo a mi lado, repito, bendita locura esta.

Y me invitaste a entrar en tu casa, a ese lugar tan protegido por ti y que pocos pueden pasar, lo hice una y cuatro veces más, cada fin de semana contigo, en ese ático minúsculo, con un sofá en el medio de mil colores cálidos, donde permanecemos tirados escuchando música, tú con un auricular y yo con el otro, a oscuras, que imagen  más cinematográfica, un momento Aki Kaurismaki y su cine dulce y sosegado, las cámaras comenzaran a grabar en cualquier momento. Tu casa es un palacio, porque me siento tan cómodo, me siento tan a salvo. Bendigo cada rincón por donde yo paseo mi figura, mientras tú haces cualquier otra cosa, por donde nos damos mil abrazos, por donde pasamos grandes momentos en silencio mirándonos…

Y al comienzo fue algo difícil, había mucha desconfianza, miedo también, porque esto sólo fuese un juego por mi parte y viste que no fue así, al fin te he convencido, el que resiste gana, eso dicen.  Convivir con tus manías y tú con las mías, fue una prueba fuego, lo sigue siendo, pero poco a poco nos vamos acostumbrando el uno al otro, nos vamos conociendo un poco más, nos vamos acercando y los espacios se reducen. Te siento cerca, muchas veces parece que estás a mi lado, a pesar de estar en otra ciudad, somos esclavos de las sensaciones fugaces, para recordarnos mutuamente y echarnos de menos.

Pero todo, estaba preparado para que saliese adelante con fuerza, lo vimos en nuestro viaje a Barcelona, desde el minuto uno, fue mágico, compartir tantas cosas juntos, tantos momentos que ya me había olvidado de compartir cosas con alguien. La espera en el aeropuerto, la ilusión de ir a una ciudad cosmopolita, de ser nuestra primera vez, compartir las charlas en el buffet del hotel, caminando por la calle con ese olor que tiene la gran ciudad, pisar sus aceras, asombrarnos ante sus edificios, sacar un millón de fotos, captarlo todo y siempre, cogiéndote de la mano y tú  la mía, como si estuviesen pegadas y quedásemos siameses para el resto de nuestra vidas.

Estar conforme con todo, con cada movimiento, con cada decisión, aunque fuese precipitada, con los kilómetros andados sin descanso, nada nos importaba, porque éramos el engranaje de un reloj suizo. Éramos seres unísonos ante el resto del mundo que pasaba por nuestro lado.

Que tranquilidad, que sosiego es llevarte a mi lado, el ser tu compañía, el sentir un viaje de forma conjunta de la misma forma. En ese viaje nos acercamos más que nunca, nos conocimos mejor, nos gustamos mucho más.

Cada fin de semana juntos, un reto, algo que hacer, algún sitio que visitar, algo nuevo que hacer…y una semana entera esperando, con nerviosismo, con ansia, con paciencia, que pase rápida, para compartir un par de días juntos y un millón de emociones en nuestro corazón que late distinto nada más vernos de nuevo. Y cojo el coche y voy a verte y lo hago eufórico, porque sé que tú me estas esperando.

Contigo me siento genial y tú también conmigo, lo hemos hablado un montón de veces, lo hemos analizado en cada conversación telefónica nuestra, estamos contentos, muy contentos y nuestra cara es nuestro mejor espejo, estamos radiantes. Qué largo fue el camino, pero ha merecido la pena. Fíjate como salimos en las fotos, mejor que nunca, más guapos que nunca, más sonrientes que nunca.

Qué bonita esta sensación de ir descubriéndonos poco a poco, todo es una sorpresa agradable, en lo que depositamos todas nuestras ilusiones, de que esto dure, porque lo hará, porque ahora somos amigos del alma y somos novios, somos cómplices de lo que sentimos y padecemos, no hay cosa más grande en esto del amor. Los viajes en coche, tu a mi lado y yo al tuyo, sacando temas transcendentales, cosas que llevamos muy escondidas y que en ese momento florecen y salen con una facilidad pasmosa, quiero contártelo, tú quieres contármelo, mientras la música suena y cantamos en voz alta el estribillo de las canciones y entre medio, de la emoción, se suelta alguna lagrima, pero la voz siempre muy alta, hasta romper el cielo con nuestras canciones.

Y que podría decir de nuestras noches, son envidiables, tu cama es amplia, acogedora, caliente, descansada y allí en medio de sabanas y nórdicos los dos, a solas pero juntos, como me abrazas, como me dejo que lo hagas, como lo siento, ese suspiro que saco de dentro nada más notar el roce de tu mano buscando mi espalda y yo espero, mientras desespero, que eso ocurra, cuanto antes, no quiero quedarme dormido y perdérmelo y luego me lo cuentes. Por eso las noches, son los días, por eso amo la oscuridad más que la claridad y yo, que te copio, respondiendo a tus abrazos de la misma forma, que grandes son nuestros estados de vigilia.

Lo estamos consiguiendo, este es el camino, lo estamos andando, es asombroso lo que nos queda por delante, por esto apostamos y por esto decidimos darnos esta oportunidad, que otros tirarían por estar cegados por el rencor, de recuerdos, de cansancio…merece la pena, lo vemos a cada momento que quemamos juntos con un fuego que no duele.

Son tus cosas, son las mías, son la de los dos, esto es fantástico.

Canción para escuchar en bucle: I Can´t Make You Love Me – Bon Iver

 

2 comentarios sobre “Tus cosas, las mías

  1. Jamás hay que rendirse , he aquí la prueba.
    El corazón siempre manda y desoye voces,consejos, razocinios. ….él sabe el camino que hay que tomar y que tren hay que coger.
    Y no existe sensación en la faz de la tierra incomparable a lo que describes: cuando dos seres se vuelven uno………….reto conseguido!!!!!!!!!

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