Relatos

La oscuridad, la luz y el perdón

¡Basta! Una vez pronuncies esta palabra, has decidido cambiar de  dirección, un giro de 180 grados que no te atrevías a dar en tu vida. Unas veces por miedo, otras por inmovilidad, otras incluso por dejadez. Hasta llegar a este momento, uno da mil vueltas en círculo, con la estúpida excusa de que todo acabará pasando o que incluso, todo se alienara de nuevo y volverá a ser perfecto… ¡Mentira! Si quieres cambiar algo, tienes que actuar y más cuando se trata de tu corazón y de tu alma. El tiempo, lo cura todo, está claro, pero para llegar a la meta, tienes que elegir el camino que debes recorrer, lo contrario sería quedarte parado, mirando el sendero y esperando a que alguien mueva tus pies por ti, cuando eso jamás ocurrirá.

Ha pasado mucho tiempo, y notas que no has avanzado ni un paso, ni tan siquiera unos míseros centímetros y eso en el fondo, te mata, porque quieres avanzar y no puedes. Quieres darle una oportunidad a la vida, pero has construido un muro infranqueable a tu alrededor casi sin darte cuenta. Cuando llevas arrastrando durante muchos meses un duelo que no parece tener fin, es para preocuparse, porque lo normal es que no dure más de cuatro o cinco meses, más allá de éstos, puede traer consigo un fantasma llamado depresión y eso tiene que evitarse por todos los medios. Lo has intentado todo, has hecho todo lo que tus colegas te han dicho. Aquellos que han pasado con éxito la prueba, ahora dibujan una sonrisa increíble en su cara, sin embargo, contigo todos esos remedios no funcionaron, quizás lo hicieron durante un par de días, pero al tercero todo volvió a ser como antes. Y cuando esto ocurre, la oscuridad vuelve incluso con más fuerza que nunca, porque trae consigo todo lo que te asusta multiplicado por dos y otra vez estás agarrado de pies y manos.

Fuiste tan incrédulo, que creíste esperar por algo inesperado, por eso no has actuado antes, hasta que te das cuenta de que nada va a pasar. Ésta es la razón por la que no se puede llorar por alguien que jamás derramará una lagrima por ti, por la que no se puede esperar a alguien que jamás volverá, por la que no se debe recordar a alguien que ya no se acuerda de ti. Sinceramente, no se puede tener esperanza de algo que jamás ocurrirá y aunque es doloroso, este punto de inflexión te llevará en un abrir y cerrar de ojos, al punto al que has querido llegar y no has podido.

 

La oscuridad

La salida a la curación total, tendrás que encontrarla en la más absoluta soledad, en tu propio aislamiento, tanto psicológico como físico y aunque creerán que te estás volviendo loco, no tiene que importarte, no necesitamos la aprobación de los demás para conectar con nuestro interior. Durante este periodo de introspección emocional, no debes dejar pasar nada por alto y a la vez, dejarlo pasar por delante de ti. Observar de manera irracional, mirar cómo estas emociones se forman y desaparecen por arte de magia, pero sin importarte lo más mínimo.

Y dormirás mil horas, con la excusa de no pensar y quizás también, por el cansancio que trae consigo el no dejar de hacerlo. Aunque no quieras, solo descansarás cuando duermes, porque nada te arrastra hacia esos recuerdos que inundan por completo tu cabeza y que no puedes exorcizar.

Es en esta etapa, cuando aprendes a decir no, a negarte si tú no quieres hacer algo, por mucho que te llamen los amigos y las amigas para salir, por mucho que tengan entradas reservadas para conciertos, por mucho que te digan que tienes que animarte. Sabes que este proceso tienes que pasarlo solo y sin ninguna interferencia de por medio. Tienes que alejarte, desaparecer sin dejar rastro, de la noche a la mañana, sin previo aviso, ni siquiera a tus amigos y amigas más cercanos, tiene que ocurrir todo de una forma fugaz, tiene que cogerlos desprevenidos. Además, si son realmente amigos u amigas, lo entenderán a las primeras de cambio y te dejarán a tu aire. Ahí ellos juegan su papel en ésto y tienen su prueba de fuego.

Durante este silencio interior en que estás inmerso, tus sentidos se agudizarán para disfrutar de cada pequeño instante que antes pasaba desapercibido: un paseo con tus perros por el medio de un camino lleno de árboles, el círculo que dibuja la espuma al revolver el azúcar en el café, una tarde tirado en el sofá en casa viendo como anochece… esas cosas minúsculas, que no tenían la más mínima importancia, son el hilo que te mantiene unido a esta vida. Y aunque duela, porque no quieres verte de esa manera, para volver a ser una persona de luz, tienes que rodearte de la más absoluta oscuridad, más que nada, tienes que dejar de sentirlo todo, vaciarte por completo de todas las emociones y sentimientos que crean tu persona. En esa nada, en ese silencio, en esa oscuridad, volverá a nacer de nuevo la luz. Es difícil, soportar la ausencia del todo dentro de uno mismo, pero si quieres volver a la superficie, primero debes rastrear los lodos de tú propia alma, que en este caso se trasforman en los infiernos emocionales, por los que pasearás como una persona sin alma. Mirando a todos lados, sin que nadie te mire, te mezclarás entre un montón de almas, sin que nadie te toque. Sentirse vacío, es sentirse invisible a los ojos de los demás y en esta tremenda soledad, aunque no te lo creas, volverás a renacer. Y es curioso, como uno se da cuenta, que en el silencio, se encuentran todas las respuestas…

Pero para andar por estos desiertos emocionales, llévate algún compañero de viaje contigo, en mi caso fue el álbum Pet Sounds de The Beach Boys, día tras día, de estos tres largos meses, la aguja del tocadiscos no paró de dar vueltas ni un segundo, aquellas canciones se convirtieron en melodías de sordos. Y aquel álbum con el que enloqueció Brian Wilson, ironías de la vida, fue el que consiguió devolverme la cordura.

Llega un momento, en medio de esta apatía emocional, que parece que nada ocurre, por esa razón, lo único que sientes es una tristeza muy grande y que crees jamás se desprenderá de ti, y sientes un miedo aterrador, al pensar que la arrastrarás para siempre. Pero nada puedes hacer, porque en esta lucha, estáis los dos a solas. Cuando esto ocurre, vive y siente la tristeza como si fueseis compañeros de toda una vida, déjate llevar por ella, pero sin dejarte atrapar, ahí está lo difícil. Guardar la distancia ideal ante una emoción tan melancólica, dañina y dulce a la vez.

 

La luz

Y cuando la tristeza te invada por completo y ya no tenga más lugar de tu cuerpo en el que posarse, reaccionarás casi sin saberlo. Tu corazón, en un arrebato de autodefensa, latirá de nuevo con tal fuerza, que te mostrará la realidad tal cual es y que tú no has podido ver hasta ahora.

Y a ella dejarás de idealizarla, y te darás cuenta que sus besos no fueron tan dulces, ni esos momentos a solas entre los dos tan mágicos, que su compañía no fue tan necesaria…y comienzas a aceptar que siempre habrá alguien ahí fuera, dispuesto a darte besos mucho más húmedos, momentos más intensos, incluso, siempre habrá alguien que con su presencia llene todo el espacio que te rodea. Sin embargo, esta persona que está esperando, no la habías podido distinguir antes del resto, porque ella no te dejaba verla y eso te creaba una ansiedad emocional gigantesca, porque creías que ya nunca nadie te ilusionaría por completo y cuando esto ocurra, podrás dar otro paso, que no es otro que el de conocer a alguien nuevo, dejarlo entrar en tu vida, porque ahora y casi sin esperarlo, una luz se ha encendido en mitad de la profunda oscuridad, y estás abierto a más experiencias ,a dejarte gustar y sobre todo, a que te guste alguien, algo que era impensable hace unas cuantas semanas. Has decidido quitarte de encima esa etiqueta de un ser inconquistable, inseducible e inalcanzable. Dejar entrar a alguien en tu vida, salir en su búsqueda o dejarse encontrar, es sinónimo de que la vida vuelve, de que tu cabeza se está despejando al fin, lo notaste, cuando en aquel paso de peatones en la calle de Oxford Street, viste aquella figura anónima venir frente a ti y al cruzaros, la miraste de reojo, te paraste en seco y giraste tú cabeza, mientras la marabunta de personas te empujaba, y eso no te importaba lo más mínimo, porque disfrutabas viéndola desaparecer entre el ruido y las luces navideñas. Algo en ti, en ese momento cambió, una sonrisa se dibujó en tu cara, porque te diste cuenta, de que si puedes volver a ilusionarte, que sí puedes mirar sin bajar la vista y dejar volar la imaginación pensando ¿qué pasaría si?… Ella se parase, ella me mirase, ella me cogiese de la mano y dijese -¡venga, vamos!… Este momento, es un festejo en la vida, es una puerta que se abre y que va a dar a infinidad de más puertas que nada malo guardan tras de sí.

 

El perdón

Y cuando menos te lo esperes, entenderás al fin el significado completo de la palabra perdón. No se puede explicar, pero un día la mente cambia de dirección, es una sacudida a tus neuronas, que cambia por completo el chip, que te dice que ya estás preparado para volver y cuando esto ocurre, al fin, estarás liberado y entonces verás esa situación y a esa persona que te trajo hasta aquí de otra forma. Ya no la verás a ella tan mala, ni tan bruja. Porque comprenderás, que seguramente te hizo daño sin querer, porque todos tenemos una razón por la que actuamos de determinada manera, una razón por la que dejamos a alguien, una razón por la que desaparecemos y cuando comprendas todo esto, también cambiará la visión de ti mismo y entonces, tampoco te verás tan víctima y los pensamientos de culpa y victimismo desaparecerán de tu alma. Una vez comprendido ésto, aprendes la más grande de las lecciones de un duelo que ya toca a su fin: Jamás de los jamases juzgues a nadie.

Y ahora, levantarás ese veto que de una forma consciente has posado sobre tu culpa. Y al fin comprenderás, que no has hecho el ridículo por el simple hecho de amar con tanta pasión, por dar un montón sin medir la intensidad, sin que la respuesta haya sido recíproca. Te darás cuenta, que dar esa cantidad de amor que ha salido de tu interior, es sinónimo de orgullo y que pocos tienen ese potencial tan grande.

Cuando comprendes este increíble mensaje, sin quererlo, una sensación muy dulce te aprieta con una fuerza descomunal y de repente, lo disfrutas todo, como un niño pequeño el día de reyes nada más levantarse. Y lo que parecía imposible hace meses, hoy se presenta de forma arrogante delante de ti, y ese rencor que arrastrabas contigo desde hacía tiempo, desaparecerá, para convertirse en bondad y felicidad, y sabes, que si la tuvieses a ella delante, una sensación de perdón enorme te saldría a borbotones por los ojos y esos nervios, y esas emociones a velocidad de vértigo que circulan por tus venas, así como esas ansias de volverla a ver, desaparecerían y se transformarían en algo tan bonito como el amor, para dárselo, para enviárselo a raudales y que comprenda ella también, el mensaje que has aprendido en este largo, duro y necesario proceso. Cuando perdonas, te liberas.

Y es en este increíble instante, cuando la magia puede volver a aparecer y quizás alguien con el que te has topado en varias ocasiones en todo este tiempo, se presente ante ti, se acerque y te diga: -¿sabes?, creo que voy a jugármela contigo. Y tú le respondes: – Y yo voy a dejar que lo hagas…

Lo dicho, ¡volvemos a la vida!

Jordi Cicely

 

Canción para escuchar en bucle: Sometimes – James

Aventurero, curioso, emocional superlativo, romántico, caótico, tozudo, insensato, sensible, tenaz, persistente, impulsivo, vital...soñador...viajero incansable, amante pasional, escritor espontaneo, amigo infranqueable...mis pasiones, la música (la Psicodelia, Sixties, el Brit Pop, Queen y Freddie Mercury, el Indie, el Shoegazing), la literatura, los relatos, la Generación Beat de Jack Kerouac, los poemas de Rimbaud, los viajes por el mundo, cinco ciudades (Braga, Londres, Brighton, La Habana y Hong kong), el cine de Godard y Larry Clarck, la Nouvelle Vague, la serie Doctor en Alaska, el pueblecito de Cicely, el movimiento Mod, el British style, el budismo, la noche en silencio, Latinoamerica, las chicas misteriosas, la vida...que es un suspiro. Solamente una cosa más: Si quieres perderme, sólo tienes que mentirme.

One Comment

  • laugurut

    Las rupturas duelen por la incertidumbre. La de no saber qué ha pasado y la del pavor que tienes a lo que está por venir. Te parece extraño que todo el mundo siga su curso mientras tú te has quedado en un impás que comenzó el día que todo se acabó. Te sientes noqueado. No te crees que sea verdad que esa persona, con la que tanto has compartido, se encuentre ahora a miles de kilómetros de ti. Y no hablo de distancia física. Preguntarse el porqué y el cómo no tiene sentido, pero repetirás y analizarás en tu cabeza una y otra vez todos los pasos que diste hasta llegar al precipicio
    Te queda tan claro que esa persona ya no está ahí para ti como que no eres su opción cuando tiene que escoger a un compañero definitivo. El alejamiento no es gradual, sino inmediato. Empiezas a comprobar que cualquier anónimo o conocido sabe más de su vida que tú, eres consciente de que, dentro de poco, sentirás que no conoces a esa persona con la que existía una unión que parecía irrompible. ¿Que pensará? ¿Aún le importaré? ¿Fui una carga para él? ¿Cuántas veces me miró y pensó “tengo que acabar con esto”? Todas esas preguntas se arremolinan en tu cabeza mientras los caminos se separan.
    Ahora, vuelve a mirar dentro de ti. Sigues siendo la misma persona que fuiste antes, así que volverás a serlo después…..SOLO ES CUESTIÓN DE TIEMPO…dicen
    Gracias Jordi!!!

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