El Aullido de Ginsberg

Gracias a Ginsberg descubrí la pasión por la poesía, luego vendría Rimbaud. Todas las emociones que se posaron en mi el día que leí “Aullido” de Allen Ginsberg, las comparto en este post…

 

Se deslizó entre mis dedos, como si fuera un sueño, algo que podría haber sido y no fue, como una llama de fuego que barría mi interior. El poema “Aullido” de Allen Ginsberg, cometió el fatídico error de embaucarme en la poesía, hasta entonces algo sin importancia o sin sentido. Mis dedos se encontraron con él de casualidad, de repente, en medio de unas páginas pegadas de periódico viejo, allí apareció escupido, como si no le importara lo más mínimo lo que rezaba, aunque en otros tiempos, fuera oraciones para una generación a punto de despertar. Las primeras letras, el primer verso, los siguientes versos, trastocaron mi personalidad, algo ha cambiado desde entonces. Una corriente de alto voltaje sacudió todo mi cuerpo, y además, las ganas de terminar de leerlo, hicieron de aquello un gran ritual.

Las palabras colocadas de forma irracional, fuera de lugar, con un ritmo frenético, el sarcasmo lírico al servicio del lector inocente y virgen en panoramas literarios  que tenía que descubrir, todo fue genial.
“Aullido” habla entre muchas otras cosas, de una historia de amor, prohibida, escondida, con cierta aura de vergüenza, en tiempos en los que había que mirar para todos lados. El poeta se siente atraído por su amante, el gran héroe de Denver, el ídolo de los Beatnicks, el gran Neal Cassady, que en otros tiempos y otras historias, fue el gran Dean Moriarty, el protagonista de En el camino de Kerouac, inspiración para decenas de poemas y libros de locos, también fue el conductor del Furthur (el autobús psicodélico de Ken Kesey y sus “bromistas alegres” en el que gritaban ¡Allá vamos!), todo esto, era lo importante del poema, el hombre del que hablaba, aquel que conducía vehículos robados a doscientos por hora en las autopistas de América, sin importarle perder su vida en la siguiente curva, mejor dicho, dejando atrás la vida en suspiros de rabia. Y mientras tanto, mi corazón latiendo a una velocidad hipnótica, poniendo mis pelos de punta, con escalofríos constantes, por sentir de manera exagerada todo lo que aquel poema contaba.

“Aullido” ayudó, al menos lo intentó, hizo de interlocutor con un viejo amor, una chica de hace mucho tiempo. Yo quería ser como Ginsberg y dedicarle versos sudorosos de amor esperanzado, aun sabiendo que ella nunca lo sabría. Lo que contaba era el hecho de sentarse, pensar, soñar, meditar de una forma distinta a todo el caos que había de mi cabeza. Ella nunca leyó el poema que le dediqué, ni siquiera supo que se lo escribí, pero mi alma quedo socavada en un rincón de paz.

Pero “Aullido” no habla solamente de amor o atracción, también lo hace de otras cosas, habla de Jazz, de noches estrelladas mirando borracho hacia el cielo. Lo hace de una generación perdida en el mundo convencional, de las miserias de un país, de los gobernadores sombríos de estos, de estudiantes que salen desquiciados de sus universidades, de las grandezas del LSD y también de sus miserias, de una guerra sin sentido y del sentir de los soldados, de la vida rápida, de las diferentes formas de respirar, de sentirse vivo o muerto, en definitiva, de la vida de todos nosotros, estamos todos estamos locos…

Luego Ginsberg, ingresó en un hospital psiquiátrico (un sanatorio mental, lo llamaba él), y me puse triste, creyendo que su poesía decaería en el lirismo melancólico de las personas que alguna vez perdieron el norte, pero no fue así, lejos de eso, la segunda parte del poema es más densa, más lírica, más loca tal vez, y mi alma se enriqueció de nuevo. “Aullido” reza misivas de oraciones de locura en un estado puro, y describe sus sueños muertos, que alguna vez estuvieron vivos.

“Aullido” me descubrió la poesía, y dio paso a otros poemas y poetas, abrió la caja de los truenos. Después de esto, pronto llegaría Rimbaud, el poeta Marsellés de los pelos cardados y su vida decadente, reflejada en cada verso oscuro, despertó en mí las ganas de escribir, de hacer algo similar, un sacrilegio para la rima, copiar, imitar, despertar nuevas formas de sentir y dar forma a la letra, todo comenzó con “Aullido”, el resto es sólo literatura …

Canción para escuchar en bucle: Eve of Destruction – Barry McGuire

Jordi Cicely

 

 

12 comentarios sobre “El Aullido de Ginsberg

  1. Como siempre… 👏👏👏 Algún día me gustaría leer alguno de esos poemas “ocultos” y “secretos” que no han visto la luz todavía, porque seguro que son dignos de ser leídos. Un abrazo.

  2. Todos tus textos son como el aullido de un lobo a la luna. El de un hombre feroz que no lucha contra lo que siente, sino que lo vive, lo analiza, lo escribe y además tiene la gentileza de compartirlo. Gracias por regalarnos tu ferocidad, Jordi.

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