Lugares

Epitafio de Tolkien

Tumbas ilustres, hay muchas repartidas por el mundo, pero pocas con tanta magia como la de J R R Tolkien. Aquí, mi experiencia al visitarla en la ciudad de Oxford.

 

Solo hace falta un par de minutos en el tren que va desde Reading a Oxford para darse cuenta que quizás nos encontramos ante la auténtica Comarca de Hobbiton y que aquellas montañas de pequeños valles llenas de árboles y salpicadas de praderas sirvieron como inspiración a Tolkien en sus libros El Hobbit y El Señor de los Anillos. No hace falta echarle mucha imaginación para adentrarse en la tierra media que todos ya tan bien conocemos, casi como si fuese nuestra misma ciudad o pueblo, es tan obvio que aquellos paisajes son la fantasía del profesor de Oxford, que casi parecemos parte del equipo de rodaje de las trilogías.

Oxfort es esa clase de ciudades que tiene magia y que nada más poner pie sobre su primer acera te das cuenta que al igual que nuestra Santiago de Compostela, donde se mezclan estudiantes, universidades y turistas, todo lo que se viene encima es bueno.
Fue tal la emoción al llegar, que apenas quite fotos a primera hora, solo quería llegar a dos lugares por los que suspiraba desde hacía tiempo, uno el bar donde se reunían Tolkien y CS Lewis con su grupo de amigos escritores para hablar de cómo llevaban la creación de El señor de los Anillos y Las Crónicas de Narnia y el otro, la tumba del gran maestro de la tierra media, que se encuentra a las afueras de Oxford.

Cuando estás tan emocionado en buscar un lugar, nunca lo encuentras, siempre pasa, en cambio, cuando no esperas nada, das con él en frente de tus narices sin buscarlo. Así que busque el bar y no lo encontré en un primer momento, no quería perder tiempo y decidí subir a un bus que me llevar al cementerio de Wolvercote. Un dependiente al que le pregunte anteriormente, me dijo que era el número seis, pero cuando llegue a este autobús, el conductor me dijo que era el número dos, no podía ser, los nervios me subían aún más, parecía que nada de lo que iba a buscar lo iba a encontrar en este primer día de sol de verano inglés. El conductor del número dos me vio tan nervioso, que me dijo que cuando llegásemos a la parada me avisaría, al poco de ponerse en marcha, ante mis narices vi en un lado de la acera The Eagle and The Child, el bar mítico de reuniones de Tolkien y Lewis, la emoción hizo acto de presencia por un momento, pero no podía parar, ahora iba a la tumba del maestro, luego a la vuelta pararía en el bar. Que mi ilusión había crecido era obvio, que ya estaba más animado también, ya sabía dónde se encontraba su lugar de reuniones después de más de una hora de búsqueda. Unos quince minutos después el conductor me aviso de que aquella era la parada y casi sin darme cuenta, delante de mí, estaba la puerta del cementerio, en cuya entrada hay una placa en el suelo inscrito en letras rojas el nombre J R R Tolkien Author y con una flecha que marca el camino a seguir, como si fuese el mundo de Oz y sus baldosas amarillas, el camino del basto cementerio está salpicado cada poco por varios de estos letreritos en el suelo.

Y una vez más me perdí, entre tumbas pequeñas, muchas de ellas comidas por la hierba larga y seca y entre las que curiosamente viven un ejército de conejos silvestres que saltaban y se escondían a mi paso. Nadie a quien preguntar, yo solo en medio del enorme campo santo, que como todos los campos santos ingleses no guardan grandes mausoleos. Di la vuelta a una plaza donde se unían cuatro caminos y fue cuando encontré otra de las minúsculas placas que marcan la dirección, la seguí y a los pocos metros otra y así durante un pequeño camino que va a dar a uno de los fondos del cementerio.
Y mi vista dio con una preciosa, pero sencilla tumba de la que mana un enorme y fuerte rosal en medio de esta, pude leer al acercarme el nombre de Tolkien, allí descansa el maestro y su amada mujer, fallecida dos años antes que él. Cuadrada en forma de piedra y bonito epitafio con los nombres de los dos elfos creadores de la Tierra Media acompañan el nombre de los dos moribundos amantes. No pude hacer otra cosa más que sacar fotos de forma casi impulsiva, una tras otra, primero con el teléfono móvil, luego con mi cámara de fotos, todos los ángulos, de todas las posiciones, todos los encuadres posibles, eran pocos para retratar la tumba de un genio de la literatura universal, creador de leguas nunca antes habladas, creador de mundos, de mapas, de razas, de enormes batallas y grandes reinos, creador de una fantasía tan grande que muchos ya toman como religión. Quedé tan exhausto de sacar fotos, que tuve que sentarme en frente de la tumba y por un momento no deje de mirarla, no podía creer que estuviese delante de los restos de alguien que había sido el creador de algo tan grande, me vino a la mente la batalla de Minas Tirith, el Abismo de Helm, el reino de Rivendel, un dragón cubierto de oro y los bosques de Lorien, me vino a la mente mil imágenes que más tarde metió en nuestra mente Peter Jackson con sus dos trilogías y gracias al cual muchos de nosotros nos adentramos más tarde en los libros de Tolkien. Mientras estaba sentado al sol delante del minúsculo mausoleo, un camión con trabajadores del cementerio pasó y se quedaron mirando con esa cara de haber visto a muchos como yo en aquella posición antes, entre la admiración y aburrimiento, entre la locura y el sueño, al fin al cabo la legión de fans que van a ver a Tolkien son parte de no solo del cementerio, sino de la ciudad de Oxford.

Salí del cementerio volviendo la vista atrás cada poco, lo hice hasta que dejé de ver el rosal que adorna la tumba de Tolkien y su mujer, por un momento la ansiedad se colocó en la boca de mi estómago y sentí un leve mareo y fuertes palpitaciones, los nervios estaban bajando y afloraban las emociones de la incertidumbre del comienzo de este viaje, el escritor Stendhal le llamaba a esta extraña sensación sobredosis de belleza, fue tan grande la tensión, que mi cuerpo necesitaba expulsarla.

Volví a coger el autobús para llegar al pub de reuniones del grupo literario llamado Inklings y del que Tolkien y CS Lewis formaban parte y donde quedaban para hablar entre pinta y pinta de sus creaciones literarias, sobre todo de los mundos del Señor de los Anillos y Las crónicas de Narnia.

La parada está a pocos metros de este emblemático lugar, así que nada más bajarme, fue aprisa hasta la casita que una planta que guarda el The Eagles and The Child, por fuera no es gran cosa, pero lo importante lo tiene dentro. Una estrecha puerta por la que apenas entra luz da a un interior muy oscuro, incluso a plena luz del día. Al entrar te encuentras textos de CS Lewis, Tolkien, frases que ellos pronunciaron o historias de sus aventuras en aquel lugar. La mesa donde se reunían está al fondo de todo, es una mesa normal, pero llena de magia y de secretos entre los creadores de dos mundos gigantescos. Saqué fotos, una tras otra, cuando hice en el cementerio. El camarero no hacia mas que mirarme, pero tampoco me dijo nada, somos cientos los que cada mes hacemos ese mismo ritual. Luego torció su mirada hacia un cliente que entraba y así me dejo de lado por completo, ni siquiera miró cuando me quede sentado un rato en aquella silla, en la que años antes descasaban nuestros dos grandes escritores. Unos minutos después, me levanté y me marché, entre aquel minúsculo pasillo oscuro, que bien pudo ser la inspiración para el sendero de los muertos de la Tierra Media, quien sabe, la imaginación de Tolkien era tan grande, que lo común lo transformaba en mágico.

En este mundo hay tumbas de genios e ídolos, pero la de Tolkien es muy especial, porque sus historias han creado en nosotros un montón de ilusiones y nos han trasladado a otros mundos como nadie ha hecho antes, la búsqueda de la Comunidad del Anillo, es algo muy simple, nos es más la historia de un grupo de gente corriente que no tiene muchas opciones de salir victorioso (como nosotros en esta vida), pero a veces, si creemos en nosotros y nos mantenemos unidos, no hay enemigo por enorme que sea, que pueda vencernos.

Dedicado a mi buen amigo Alfonso Stark, sin el este viaje no sería posible.

Canción para escuchar en bucle: Hobbiton – BSO El Señor de los Anillos

Jordi Cicely

Aventurero, curioso, emocional superlativo, romántico, caótico, tozudo, insensato, sensible, tenaz, persistente, impulsivo, vital...soñador...viajero incansable, amante pasional, escritor espontaneo, amigo infranqueable...mis pasiones, la música (la Psicodelia, Sixties, el Brit Pop, Queen y Freddie Mercury, el Indie, el Shoegazing), la literatura, los relatos, la Generación Beat de Jack Kerouac, los poemas de Rimbaud, los viajes por el mundo, cinco ciudades (Braga, Londres, Brighton, La Habana y Hong kong), el cine de Godard y Larry Clarck, la Nouvelle Vague, la serie Doctor en Alaska, el pueblecito de Cicely, el movimiento Mod, el British style, el budismo, la noche en silencio, Latinoamerica, las chicas misteriosas, la vida...que es un suspiro. Solamente una cosa más: Si quieres perderme, sólo tienes que mentirme.

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