Amar y querer no es lo mismo (por El Principito)

Esta semana El Principito de Saint-Exupéry cumplió 75 años, esta obra mágica ha sabido como pocas perpetuarse en el  tiempo y en las memorias; tanto de pequeños como de mayores. Junto con estos otros: En el Camino, El Extranjero, El Guardián Entre el Centeno, forma parte de mis cuatro referencias literarias de cabecera. Lo leí siendo muy pequeño y lo volví a releer mil veces más, ya de adulto y en cada lectura había una sensación distinta, como si dijese algo diferente cada vez, en una palabra, como si este libro tuviese vida. Creo que el secreto se encuentra en el propio protagonista, las cosas vistas a través de los ojos de un niño cambian con el tiempo, uno puede darle todas las interpretaciones del mundo, porque su concepto de la vida, radica en el punto extremo al de un adulto. Bendito quien aún posee este don.

En El Principito hay un episodio que está por encima del resto, es en el que el protagonista habla con una flor, que no deja de ser una rosa, la única que existe en su pequeño planeta y es aquí donde nuestro protagonista y su dichosa flor, dan unos significados distintos a dos palabras llenas de sentimiento. En este caso, Saint-Exupéry nos está dando una lección magistral a la hora de diferenciar el amor y el querer, dos palabras que muchas veces nos parecen lo mismo, pero que sin embargo son cosas muy distintas.

­“-Te amo –le dijo el Principito.

-Yo también te quiero –respondió la rosa.

-Pero no es lo mismo –respondió él, y luego continuó- Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía. Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.”

El Principito nos viene a decir, que querer es un concepto que hemos cubierto con buenas emociones, sin embargo, no es tan bueno como parece. Querer es esperar, esperar algo de alguien, por ejemplo, que nos correspondan con cariño, que la otra persona cambie, que se quede a nuestro lado, querer es apegarse a las personas y a las cosas, esto conlleva a los enganches que nos traen sufrimiento y dolor, porque nos apegamos a ellas desde nuestras necesidades, esperamos que la otra persona nos llene el vacío que tenemos dentro y eso es muy difícil de conseguir, porque cada uno tiene una necesidad distinta. No nos sentimos realizados, entonces queremos que nos quieran, para no sentirnos tan solos. Y entonces, cuando no tenemos reciprocidad, aparece el sufrimiento, cuando la otra persona, no nos corresponde o no lo hace de la misma forma, nos sentimos frustrados y decepcionados. Querer es esperar y muchas veces se espera en vano.

Querer es posesión, en cambio el amor no es egoísta ni posesivo, si de verdad amas a una persona, no tienes necesidad de poseerla.

En cambio amar es distinto, o eso nos dice este niño y aunque es una palabra que nos da miedo y cierto vértigo, no es tan inabarcable como nos creemos. En ocasiones, la gente, la ve una palabra tan grande y con tanto significado, que huye para no enfrentarse a ella, para no vivirla, porque cree que tarde o temprano traerá sufrimiento, pero amar es desear lo mejor para el otro, aun cuando se tengan caminos distintos, metas diferentes, porque sabes, que este en algún momento se juntarán.

Amar te permite que seas feliz con muy poco. Amar es un sentimiento desinteresado, que sale desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento.

 “-Ahora lo entiendo –contestó ella después de una larga pausa.

-Es mejor vivirlo –le aconsejo el Principito”

Solo podemos amar lo que conocemos, lo que vivimos con intensidad, esa persona que tenemos delante, por ejemplo. Amar significa tirarse al vacío, confiar en la vida y el alma. Y ese vacío merece la pena, y aunque al principio nos de vértigo, conlleva una gran felicidad por dentro, porque sabes, que pase lo que pase, saldrás adelante, ya que la otra persona estará ahí siempre, a tu lado, esperando que caigas para levantarte, esperando a que llores, para secar tus lágrimas, esperando que te pierdas para volver a encontrar el camino. Cuando amas, le das a la otra persona parte de tu corazón para que se pose sobre él. Cuando amamos a alguien, lo aceptamos tal cual es, con sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas, permanecemos siempre a su lado, buscando dejar trocitos de felicidad en cada momento. Pero el amor también tiene que ser correspondido, sino muere y tiene que hacerse abriendo el corazón, adentrarse en él sin miedo, y aunque la otra persona tenga algo de pánico de abrirse tanto, tiene que saber que si hay amor, jamás le hará daño después de confiarle sus secretos más profundos, en definitiva, hay que dejarse amar para saber que es el amor. Quizás esto en un principio cree un abismo, porque en nuestra cabeza siempre está la duda del dolor, pero en esta vida, nadie gana sin apostar y arriesgarse. Tenemos que grabar a fuego la idea de que el amor no duele. Por eso el amor hay que padecerlo, no sufrirlo. Padecer sus fases, sus emociones, sus aventuras, sus bonitos recuerdos…el sufrir es para el querer.

Cuando amas a esa persona, al principio puede ser duro, porque quizás no se cree ese sentimiento que sale dentro de ti, quizás duda de cada cosa que haces, porque no se cree que sea real, pero no podemos culpar a nadie por lo que sienta en ese momento, lo único que nos queda es seguir mostrándole que no es un espejismo, que es puro como el agua de una fuente, aunque asuste, aunque produzca mareos, provenientes, en la mayor parte de los casos de las dudas que tiene dentro y si esta huye, no hagas nada, quédate y mírala en su carrera, nadie puede huir eternamente…

Cuando amamos, damos todo sin pedir nada a cambio. Amar es conocerse a uno mismo y dejarse conocer por la otra persona, que sepa de tus alegrías, de tus gustos, de tu felicidad, pero también de las cosas que te enfadan, tus luchas, tus errores, tus vértigos, tus miedos. Cuando se ama alguien, se le da espacio en el corazón para ser su confidente, su amante, su pareja, su amigo, su copañero.

Muchos sabemos que se puede amar en la distancia, lo sabemos cuándo se siente a la otra persona cerca y estás tranquilo, ¿cuantas historias habrá ahora en las que no pueden estar juntos, pero lo están en sus pensamientos?

Y hay una frase muy sabia en el budismo se dice que si “quieres” a una flor, la arrancas para tenerla contigo, y si “amas” a una flor, la riegas todos los días y la cuidas. El amor hay que trabajarlo un poquito cada día, y eso lo sabía el Principito, por eso perdía el tiempo con esa flor, porque la amaba. Lo hizo hasta que supo que no sería correspondido, por que la flor no lo amaba, solo lo quería. Entonces, nuestro amigo decidió volar, la flor era demasiado vanidosa y se creía demasiado importante, pero en realidad, necesitaba a El Principito como el aire, porque llenaba ese vacío de dentro de ella.

La flor representa lo que amamos, por lo que luchamos, por lo que nos esforzamos, por lo que escalamos montañas con nuestras manos…Pero muchas veces, ese amor no es correspondido de la misma manera, la flor, o su actitud representa también esto, personas que perjudican a otras sin darse cuenta, personas egoístas, narcisistas. La flor era vanidosa, pues se sentía única ante la mirada de El Principito (no había otra), se sentía cuidada, querida, sin darse cuenta que toda su importancia venia del amor que le daba El Principito, ya que sin él, sería una flor más en medio de un vasto campo multicolor, dependía de él para poder vivir.

“Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor” –El principito.

Y ahora pensaremos que es una incongruencia esta frase, ya que vienen amar y querer juntas, dentro de un mismo significado, pero está claro, que el querer dentro del amor es distinto. Se ama queriendo, pero jamás se quiere esperando. Hagan caso a ese niño de pelos rubios rizosos y que dice venir de un lejano planeta minúsculo, él y esa flor nos han hecho comprender una gran diferencia entre dos conceptos muy parecidos y que radican en nuestro corazón, él ha conseguido que comprendiésemos algo que no consiguieron todos los amores que han pasado por nuestra vida y se han marchado, y ahora sabemos, que si aprendiésemos esta lección antes, quizás hoy aun permaneciesen con nosotros, queriendo y sobre todo amando y todo sin dolor y tristeza. Nunca es tarde, porque sabemos que siempre tenemos a alguien amándonos, solo tenemos que dejarnos amar. Vuelve pronto Principito.

Jordi Cicely

Canción para escuchar en bucle: Nightswimming – R.E.M.

4 comentarios sobre “Amar y querer no es lo mismo (por El Principito)

  1. Querer lo asociamos a desear algo. Puedo querer a una persona para que me acompañe, me haga sentir bien, me apoye o para que haga lo que yo quiera. Incluso puedo querer a un hijo para que me cuide en mi vejez. Hay siempre una intencionalidad específica en el querer, más o menos altruista.
    El querer conduce al sufrimiento pues se desea algo de otra persona, justificadamente o no. Y como ésta es diferente a mí, es imposible que piense, sienta y actúe exactamente igual a mí. De modo que cualquier expectativa que tenga con ella está condenada a la frustración, pues nunca se comportará exactamente como me gustaría.
    Amar en cambio es aceptar al otro tal como es, con sus virtudes y sus defectos. Amar es desear lo mejor para el prójimo, aun cuando no me guste su manera de ser, aun cuando no me acompañe, no me haga sentir bien, no me apoye o no me cuide en mi vejez. Puedo estar en total desacuerdo con otra persona, puedo no quererla, pero sí puedo amarla.
    Mientras más ames en tu vida, más feliz y libre serás. Mientras más quieras, más frustración, dolor y prisión habrá en tu vida.

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